Señales de que tu cuerpo necesita ayuda profesional (fisioterapeuta)
Es habitual convivir durante días, semanas o incluso meses con alguna molestia pensando que “ya se pasará”. Y muchas veces ocurre: nuestro cuerpo tiene una gran capacidad para adaptarse y recuperarse.
Sin embargo, hay situaciones en las que el dolor, la rigidez o la pérdida de capacidad física se mantienen y empiezan a interferir en nuestra vida cotidiana. En esos casos, esperar
indefinidamente no siempre es la mejor opción.
La fisioterapia no consiste únicamente en tratar una lesión cuando ya se ha producido. Una valoración profesional puede ayudarnos a entender qué está ocurriendo, detectar factores que están manteniendo el problema y recuperar progresivamente el movimiento y la función.
Pero ¿cómo saber cuándo ha llegado el momento de consultar a un fisioterapeuta?
1. El dolor no desaparece o se repite constantemente
Una molestia puntual después de realizar un esfuerzo diferente al habitual no tiene por qué significar que exista una lesión.
Pero cuando el dolor persiste durante varios días o semanas, vuelve cada vez que realizamos determinada actividad o aparece repetidamente en la misma zona, puede ser recomendable realizar una valoración.
El objetivo no es únicamente localizar dónde duele, sino intentar comprender por qué esa zona está recibiendo más carga de la que puede tolerar.
En muchas ocasiones influyen varios factores: actividad física, descanso, fuerza muscular, movilidad, hábitos laborales, estrés o cambios recientes en nuestras rutinas.
2. Has empezado a modificar tus movimientos para evitar el dolor
A veces nos adaptamos al dolor casi sin darnos cuenta.
Empezamos a subir las escaleras de otra manera, dejamos de apoyar correctamente una pierna, evitamos levantar un brazo, cambiamos nuestra postura al trabajar o dejamos de realizar determinados movimientos.
Estas adaptaciones pueden ser útiles temporalmente, pero si se mantienen demasiado tiempo pueden terminar limitando nuestra capacidad de movimiento y nuestra confianza para movernos.
Si necesitas cambiar continuamente tu forma de moverte para evitar una molestia, puede ser un buen momento para valorar qué está ocurriendo.
3. Has perdido movilidad
Notar que una articulación ya no se mueve como antes también puede ser una señal importante.
Por ejemplo:
- dificultad para levantar completamente un brazo;
- pérdida de movilidad del cuello;
- rigidez lumbar;
- dificultad para agacharse;
- menor movilidad de cadera, rodilla o
La pérdida de movilidad puede aparecer después de una lesión, un periodo de inactividad, una intervención quirúrgica o simplemente de manera progresiva.
Una valoración de fisioterapia permite determinar qué movimientos están limitados y establecer una estrategia para recuperarlos.
4. Notas que has perdido fuerza
La pérdida de fuerza no siempre se manifiesta como una incapacidad evidente.
En ocasiones aparece como una sensación de fatiga, inseguridad o falta de estabilidad.
Puede ocurrir al subir escaleras, correr, levantar objetos, practicar deporte o incluso al realizar tareas habituales.
Después de una lesión también es frecuente que determinados grupos musculares reduzcan su capacidad.
Por eso, recuperar la fuerza de manera progresiva suele ser una parte fundamental de la rehabilitación.
5. Una lesión vuelve una y otra vez
Esguinces de tobillo repetidos, molestias recurrentes en el hombro, dolor lumbar que aparece varias veces al año, sobrecargas musculares frecuentes o problemas de rodilla que reaparecen cada vez que aumentamos el entrenamiento.
Cuando una lesión se repite, puede ser necesario mirar más allá del episodio puntual.
Factores como la fuerza, el control del movimiento, la movilidad, la recuperación o una progresión inadecuada de las cargas pueden estar influyendo.
El objetivo de la fisioterapia en estos casos no debería limitarse únicamente a “quitar el dolor”, sino también a reducir las probabilidades de que el problema vuelva a aparecer.
6. Has dejado de hacer cosas que antes hacías con normalidad
Esta es una de las señales más importantes.
Cuando una molestia empieza a impedirte entrenar, caminar determinadas distancias, jugar con tus hijos, trabajar cómodamente, dormir bien o realizar alguna actividad que antes formaba
parte de tu vida, merece la pena prestarle atención.
La evolución de un problema musculoesquelético no debería medirse únicamente preguntando “¿cuánto te duele?”.
También debemos preguntarnos:
¿Qué cosas has dejado de hacer por ese dolor?
Recuperar esas actividades es uno de los principales objetivos del tratamiento.
7. Tienes miedo de volver a moverte después de una lesión
Después de una lesión importante o de un episodio de dolor intenso es completamente comprensible que aparezca cierta inseguridad.
“¿Y si vuelvo a lesionarme?” “¿Ya puedo correr?”
“¿Puedo volver al gimnasio?”
“¿Este movimiento es peligroso?”
En estas situaciones, una buena readaptación puede ayudar a recuperar progresivamente fuerza, movilidad y confianza.
No se trata de forzar al cuerpo, sino de exponerlo de manera gradual a las actividades que queremos volver a realizar.
8. Llevas tiempo tomando analgésicos o antiinflamatorios para poder continuar
La medicación puede ser necesaria en determinadas situaciones y debe utilizarse siguiendo las indicaciones de un profesional sanitario.
Sin embargo, si necesitas recurrir frecuentemente a ella simplemente para poder entrenar, trabajar o realizar tus actividades habituales, puede ser conveniente investigar el origen del problema.
Reducir temporalmente el dolor no siempre significa haber solucionado aquello que lo está provocando o manteniendo.
9. Has sufrido una lesión y no sabes cuándo volver al deporte
Uno de los momentos en los que más dudas aparecen es después de una lesión deportiva.
Volver demasiado pronto puede aumentar el riesgo de recaída, pero esperar excesivamente también puede provocar pérdida innecesaria de fuerza y condición física.
La vuelta al deporte debería basarse, siempre que sea posible, en criterios funcionales y no únicamente en el tiempo transcurrido.
Movilidad, fuerza, tolerancia a la carga, saltos, carrera, cambios de dirección o gestos específicos del deporte pueden formar parte de esa valoración.
10. Simplemente notas que algo no funciona como antes
No siempre es necesario esperar a tener un dolor intenso.
Rigidez frecuente, sensación de debilidad, pérdida de movilidad, molestias después de entrenar o dificultad para realizar determinados movimientos pueden ser motivos suficientes para
solicitar una valoración.
Consultar pronto puede permitir abordar el problema cuando todavía tiene una repercusión pequeña sobre nuestra actividad diaria.
No todo dolor significa que exista una lesión grave Este punto es especialmente importante.
El dolor es una experiencia compleja y su intensidad no siempre guarda una relación directa con la cantidad de daño existente en los tejidos.
Dormir mal, el estrés, la preocupación, cambios bruscos en nuestra actividad física o mantener determinadas cargas durante mucho tiempo también pueden influir en cómo percibimos el dolor.
Por eso, una buena valoración no debería centrarse exclusivamente en la zona dolorosa, sino en la persona y en el contexto en el que aparece el problema.
¿Cuándo debemos consultar primero con un médico?
Aunque gran parte de los problemas musculoesqueléticos pueden ser valorados por fisioterapia, existen situaciones que requieren una valoración médica.
Un traumatismo importante, fiebre asociada al dolor, pérdida importante de fuerza o
sensibilidad, síntomas neurológicos progresivos, dolor intenso inexplicable o un empeoramiento general del estado de salud son algunos ejemplos.
El fisioterapeuta también debe saber reconocer cuándo los síntomas no encajan con un problema musculoesquelético habitual y derivar al profesional sanitario adecuado cuando sea necesario.
Escuchar al cuerpo no significa tener miedo al movimiento
Nuestro cuerpo está diseñado para moverse, adaptarse y hacerse más fuerte.
Por eso, ante muchas molestias musculoesqueléticas, la solución no consiste en evitar
indefinidamente aquello que nos duele, sino en encontrar la cantidad adecuada de movimiento y carga que nuestro cuerpo puede tolerar en cada momento.
La fisioterapia puede ayudarte a comprender mejor qué está ocurriendo y acompañarte en ese proceso.
¿Tienes alguna molestia que lleva demasiado tiempo contigo?
En Fised Therapy realizamos una valoración individual para conocer tu situación, entender qué actividades están limitadas y establecer un plan de tratamiento y ejercicio adaptado a tus necesidades.
Nuestro objetivo no es únicamente que te duela menos.
Queremos ayudarte a recuperar movimiento, fuerza y confianza para que puedas volver a hacer aquello que forma parte de tu vida.
