Cuando aparece un dolor intenso o sufrimos una lesión, una de las primeras ideas que suele venirnos a la cabeza es: “Lo mejor será guardar reposo hasta que se me pase”.
Aunque esta recomendación fue muy habitual durante muchos años, hoy sabemos que, en la mayoría de los casos, el reposo absoluto prolongado no solo no acelera la recuperación, sino que puede retrasarla.
En Fised Therapy queremos explicarte por qué mantenerse completamente inactivo rara vez es la mejor estrategia y cómo un movimiento adecuado puede convertirse en el mejor tratamiento.
El cuerpo está diseñado para moverse
Nuestro organismo necesita movimiento para funcionar correctamente. Los músculos, tendones, ligamentos, cartílagos e incluso los huesos responden de forma positiva a las cargas adecuadas.
Cuando dejamos de mover una zona durante demasiado tiempo pueden aparecer consecuencias como:
* Pérdida de fuerza muscular.
* Disminución de la movilidad articular.
* Rigidez y sensación de agarrotamiento.
* Menor capacidad de los tejidos para soportar esfuerzos.
* Recuperaciones más lentas al volver a la actividad.
Por este motivo, el objetivo de la fisioterapia moderna no suele ser inmovilizar al paciente durante semanas, sino encontrar la cantidad de movimiento que favorezca la recuperación sin agravar la lesión.
¿Quiere decir esto que nunca hay que hacer reposo?
No.
Existen lesiones concretas, fracturas, intervenciones quirúrgicas o fases muy iniciales de determinados procesos en las que el reposo o la inmovilización parcial son imprescindibles.
Sin embargo, en la mayoría de los dolores musculares, tendinopatías, esguinces leves, lumbalgias, cervicalgias o lesiones deportivas, el reposo absoluto solo debería ser temporal, si es necesario, y durante el menor tiempo posible.
La clave está en diferenciar entre:
- Reposo absoluto: evitar prácticamente cualquier movimiento.
- Reposo relativo: reducir aquellas actividades que aumentan claramente el dolor, pero mantener el resto de la actividad diaria dentro de unos límites tolerables.
Esta diferencia puede marcar un antes y un después en la evolución del paciente.
El movimiento también ayuda a disminuir el dolor
Muchas personas piensan que si algo duele significa que no debe moverse.
La realidad es bastante más compleja.
Cuando el movimiento está bien dosificado puede producir efectos muy beneficiosos:
* Mejora la circulación y el aporte de nutrientes a los tejidos.
* Reduce la rigidez articular.
* Mantiene la fuerza muscular.
* Favorece la cicatrización de los tejidos.
* Ayuda a que el sistema nervioso reduzca su sensibilidad al dolor.
* Aumenta la confianza del paciente para volver a sus actividades habituales.
Por supuesto, no se trata de soportar cualquier dolor, sino de realizar ejercicios y movimientos adaptados a cada fase de la lesión.
Cada lesión necesita una estrategia diferente
No existe una receta universal.
Lo que resulta adecuado para un esguince de tobillo no será igual para una tendinopatía del hombro, una lesión muscular o un dolor lumbar.
Por eso es tan importante realizar una valoración individualizada.
En fisioterapia analizamos aspectos como:
* El tipo de tejido lesionado.
* El mecanismo de la lesión.
* El tiempo de evolución.
* El nivel de dolor.
* Los objetivos del paciente.
* Su actividad laboral o deportiva.
Con esta información diseñamos un plan progresivo que permita recuperar la función de la forma más rápida y segura posible.
El miedo al movimiento también puede retrasar la recuperación
En ocasiones el mayor problema no es la lesión, sino el miedo a volver a moverse.
Muchas personas dejan de caminar, coger peso, subir escaleras o hacer ejercicio por temor a empeorar.
Este comportamiento puede favorecer la pérdida de condición física y hacer que el dolor persista durante más tiempo.
Uno de los objetivos del fisioterapeuta es ayudar al paciente a recuperar la confianza mediante una exposición progresiva al movimiento, respetando siempre los límites de cada persona.
El papel de la fisioterapia
En Fised Therapy entendemos que tratar una lesión no consiste únicamente en aliviar el dolor.
Nuestro objetivo es identificar la causa del problema y acompañar al paciente hasta que pueda volver a realizar sus actividades cotidianas, su trabajo o su deporte con seguridad.
Para ello combinamos diferentes herramientas:
* Terapia manual.
* Ejercicio terapéutico individualizado.
* Educación sobre el dolor.
* Trabajo de movilidad y fuerza.
* Readaptación funcional.
* Prevención de recaídas.
Cada tratamiento se adapta a las necesidades específicas de la persona, porque no hay dos lesiones exactamente iguales.
Conclusión
En la mayoría de los casos, el movimiento adecuado forma parte del tratamiento, no del problema.
Guardar reposo absoluto durante demasiado tiempo puede hacer que los tejidos pierdan capacidad para recuperarse y que la vuelta a la actividad resulte más difícil.
Si sufres una lesión o llevas tiempo con dolor, una valoración fisioterapéutica puede ayudarte a saber qué movimientos son beneficiosos y cuáles conviene limitar temporalmente.
Recuerda: no siempre se trata de dejar de moverse, sino de aprender a moverse mejor.
